Y tú… ¿Procrastinas?
Por Dr. Alfonso Herrera
¿Qué es Procrastinar?
Definición: Tendencia a postergar, diferir o posponer lo que debe hacerse.
La procrastinación es un hábito que conduce al retraso innecesario de una actividad relevante.
El problema con la procrastinación es que podrías estar retrasando, incluso negando, acciones que pueden impactar positivamente tu día a día, como la salud, la eficacia laboral y el buen manejo de relaciones personales.
Otra forma de procrastinar consiste en planificar, organizar, e iniciar acciones para luego interrumpirlas prematuramente.
Los procrastinadores tienen dos montones de papeles en el despacho. Uno se llama: «Problemas que el tiempo aún no ha resuelto», y el otro: «Problemas que el tiempo resolvió».
Características:
El procrastinador suele ser muy optimista acerca de su capacidad de resolver todos sus asuntos en poco tiempo; se repite constantemente que tiene todo bajo control (por lo tanto, no hay necesidad de comenzar).
Otras manifestaciones de su carácter suelen vislumbrarse en frases como: “sólo trabajo bien bajo presión” o “para no gastar mi tiempo inútilmente, es mejor resolver este asunto hasta el último minuto”.
Si el procrastinador es recompensado positivamente por su comportamiento (por ejemplo, si a pesar de todo entrega –aunque tarde y mal) repetirá en cada ocasión la misma dinámica.

A veces usamos las percepciones negativas y las emociones incómodas como pretextos: nos decimos que hay que esperar el momento de sentirnos inspirados o emocionalmente preparados, para actuar. Lo que es absurdo porque ¿quién desearía utilizar los momentos de inspiración para hacer cosas que pueden ser aburridas o desagradables?
Por lo regular, el postergador pasa mucho tiempo justificando sus acciones en lugar de dedicarse al trabajo pendiente.
También es común que en lugar de realizar la tarea correspondiente, la sustituya con una tarea irrelevante (o de menor importancia), que sostiene la ilusión de un esfuerzo dedicado.
Sin embargo, cuando se retrasa una urgencia, un sensación desagradable se hace presente, porque padece una presión constante causada por lo que no ha sido completado.
De modo que cuando se procrastina siempre nos damos una excusa para justificar un retraso innecesario. Y eso lleva a un círculo vicioso porque conforme pasa el tiempo nos disgusta más la tarea que debemos realizar por la sencilla razón de que nos taladra la cabeza cada vez con más fuerza. Es por eso que es muy necesario entender qué factores están contribuyendo a la postergación. De otra manera puede caerse en otra trampa: decirnos que no actuaremos hasta que el análisis sobre las razones por las que estamos difiriendo esté completado.
Fórmula de la procrastinación:
Piers Steel, investigador de la Universidad de Calgary, ha desarrollado una fórmula (bautizada como teoría de la motivación temporal), que, según asegura, explica la procrastinación: U=EV/IR.
U es la Utilidad de la tarea una vez realizada, y su valor es proporcional al producto de las Expectativas (E) por el valor que le concedemos a terminar el trabajo (V), e inversamente proporcional a la inmediatez (I) y a la sensibilidad de cada persona a los retrasos (R)

Patrones de procrastinación:
Los procrastinadores, como dice el escritor Tim Urban en el blog Wait But Why, están al servicio de un mono que vive en sus cerebros y quiere satisfacción instantánea
El talón de Aquiles del procrastinador resulta ser la impulsividad, es decir, vivir impacientemente en el momento y quererlo todo ahora mismo.
Los patrones de procrastinación caen en dos categorías que, a menudo, se superponen: funciones de mantención y de autodesarrollo.
- La primera tiene lugar cuando se postergan cotidianamente rutinas como: limpiar la casa, pagar cuentas, regar el jardín. La persona acumula sentimientos de ineficiencia personal por la sensación de vivir en forma desorganizada.
- La procrastinación de autodesarrollo se observa cuando la persona:
- Dilata la solución de problemas personales, como fumar en exceso, acabar con una relación sentimental destructiva, impedir el abuso por parte de otro.
- Posterga actividades recreativas en su tiempo libre: ir al cine, hacer vida social, jugar con los hijos.
- Retrasa la decisión de mejorar las oportunidades en su profesión, al no tomar cursos de perfeccionamiento o buscando mayores desafíos, cambiar su rutina de trabajo o tomar mas riesgos.
Cuando se presenta este patrón de conducta, el individuo se siente paralizado o marcando el paso.
La autoduda (llamémosle así), junto con la baja tolerancia a la tensión, son los pivotes del patrón de conductas postergación-evitación. La autoduda refleja un proceso autodestructivo.
Ocurre cuando juzgas tus habilidades como deficientes o inadecuadas. A menudo la autoduda comienza como efecto de una atribución falsa, que conduce a una conclusión irracional. Es muy probable que la autoduda sea un aspecto de la autoimagen.
Causas:
La dilación puede ser un síntoma subyacente como la intolerancia a la frustración, la baja autoestima, el perfeccionismo, la ansiedad, la depresión, la impotencia, la duda, habilidades administrativas débiles, etc.
En ocasiones, la dilación es una reacción frente a algo que nos incomoda. Un modo de negar y solapar la respuesta natural a una situación que no deseamos enfrentar.
Es común que la tarea a emprender sea vista como aburrida, desagradable, incómoda, amenazante, o confusa. Esto nos lleva a un círculo pernicioso, vicioso: el malestar desencadena una secuencia de evitación. Si vemos la actividad como una amenaza, aburrida, confusa, incómoda o desagradable, y luego la esquivamos para evitar la tensión o la frustración quedamos sumidos en la inhibición y tememos el fracaso temiendo a cada paso.
Recuérdese la tríada psicoanalítica (que en la procrastinación se cumple al pie de la letra): inhibición, síntoma y angustia.
La dilación puede ser una defensa contra el miedo al fracaso…. o el miedo al éxito. La persona que se siente incómoda con el éxito va a buscar la manera de evitar ese éxito para no volverse visible. Si fuera el caso, debemos averiguar por qué nos sentimos incómodos con el éxito. (Ir más allá del padre, ser mejor que él, por ejemplo, crea culpa.)
Imagina que eres un centauro, mitad humano y mitad caballo que se debate entre dos naturalezas. Una creatura así, se enfrentaría a un conflicto sin fin. El lado del caballo es la unidad de potencia para el placer inmediato; es la mitad que busca evitar molestias, que prefiere las cosas fáciles; la inclinación normal del caballo va a ser seguir el camino que signifique la menor resistencia.
¿Qué pasa cuando tu lado más humano quiere tomar las riendas y dirigir el caballo hacia determinada dirección? Al principio experimentarás una fuerte sensación de resistencia. Porque formular un deseo y sostenerlo exige una gran dosis de determinación. (Debe señalarse que existe también la procrastinación combinada.)
Una razón compleja para la dilación es: “Si no puedo hacerlo bien, lo mejor es no hacerlo”.

Hay también un tipo de procrastinación que tiene causa en la baja tolerancia a la tensión. Sucede cuando uno tiende a sobreactivarse, en términos emocionales, conductuales y cognitivos. También acontece cuando tus metas son difíciles de lograr, o cuando existe algún tipo de obstáculo o bloqueo en tus logros. En estos casos, te sientes entonces emocional y somáticamente sobresensibilizado a toda forma de tensión.
Tipos de procrastinación:
- Perfeccionista: aquel que considera que la tarea que aplaza no cumple estándares personales.
- Soñador: aquel que divaga y es poco realista.
- Preocupado: aquel que le afecta notablemente que las cosas salgan mal o estén fuera de control.
- Generador de crisis: que disfruta de algún tipo de interacción social vinculada con el aplazamiento.
- Desafiante: quien bajo la excusa de posible control de parte de terceros, aplaza agrediendo.
- Ocupado: quien por estar atendiendo varias tareas a la vez no termina ninguna en concreto.
- Relajado: aquel que tiende a evitar situaciones que le generan estrés y compromiso.
Otra posible clasificación:
Se dice que hay dos tipos básicos de procrastinadores, los pasivos y los activos.
- Los pasivos son procrastinadores típicos, es decir aquellos que aplazan sus compromisos y tienen en general un patrón de desajuste en su funcionamiento.
- Los procrastinadores activos son bien distintos, son individuos que aun procrastinando en el mismo nivel o intensidad que los primeros, prefieren trabajar bajo presión y toman decisiones deliberadas para posponer las cosas.
Lo cual supuestamente soportaría inferencias como que el tipo de procrastinación activa estaría mejor vinculada con mejores resultados en la ejecución, comparados con los individuos usualmente procrastinadores (es decir, los pasivos).
Fuentes de procrastinación:
La pregunta de por qué procrastinamos quizá podría formularse de otra manera, más sencilla: ¿por qué nos distraemos? Internet es una gran fuente de procrastinación (redes sociales, google, youtube, etc).
Tómese en cuenta que los procrastinadores no nacen, se hacen. Y tampoco debe olvidarse que los primeros minutos de cualquier tarea son los más duros.
Hay algo que se llama dilación reactiva donde sufres por creer que, si completas tu tarea, perderás injustamente un privilegio
Mitos de la procrastinación:
Uno de los conceptos llamativos en de los estudios de es el concepto del déficit en el autocontrol. Algunos autores sostienen que la procrastinación se presenta en parte por ese déficit. Sin embargo, el procrastinador es un excelente administrador de su tiempo… para acabar no haciendo lo que debe.
Otro rasgo que se le supone al procrastinador es la indecisión crónica, cuando en realidad el procrastinador define (y decide) con toda claridad que no va a hacer determinada cosa.
Por último, está el mito de la incapacidad de gestionar el tiempo personal eficientemente.
Es claro que se trata de tres mitos porque el procrastinador decide, gestiona su tiempo y lo administra eficientemente para seguir postergando sus tareas.
Consecuencias:
La procrastinación tiene un coste elevado, ya que los retrasos evitables generan pérdidas de productividad, además de causar estragos emocionales, mermando la autoestima.
Si los procrastinadores tienden a ser menos saludables y prósperos que los que cumplen, es probable también que sean menos dichosos.
Sin darte cuenta, al procrastinar estás volviendo más onerosa, pesada, incómoda y desagradable la tarea que de todos modos vas a acabar realizando.
Al procrastinar temas de salud, descuidas atender o mantener cambios de estilo de vida relacionados con tu bienestar físico o psíquico.
Soluciones:
La consistencia es la cualidad más importante para combatir el mal hábito de posponer lo importante. El mejor trabajo es el que se hace cuando se está concentrado en una sola tarea.
Varios estudios sobre procrastinación coinciden en la importancia de tener una casa o un lugar de trabajo ordenado que dé una sensación de limpieza y claridad. Es mucho más difícil planear enmedio del caos.
La cercanía de la tentación es uno de los determinantes más letales de la procrastinación. Debe cuidarse la virulencia de la tentación: cuanto más incitante sea la distracción, menos se trabajará.
Tómese en cuenta que el pavor a hacer una tarea consume más tiempo y energía que hacerla.
La mejor manera de romper el vicio de la dilación es examinando su contenido. Es necesario comprender por qué una acción ha sido retrasada, las verdaderas razones que nos llevan a eso. Debes observar atentamente que estás posponiendo algo de manera –no inevitable– sino innecesaria.
Si puedes desbaratar las sinrazones por las que se está procrastinando, será posible iniciar la tarea.
Debes crear un plan de acción realista de acuerdo a tiempo sensatos. Tener altas expectativas no es problema pero sí lo es que esas metas sean irreales y eso puede llevarte a procrastinar.
Toma en cuenta que es imposible eliminar todos los errores.
Secuencia posible para evitar procrastinar

- ¿Qué cosas hay que hacer en primer lugar? Ya se sabe que tener objetivos sin una adecuada planeación conduce a la dilación.
- ¿Qué medidas debes adoptar? “Just do it” dice el eslogan de Nike, y es de eso de lo que se trata.
- Escribe una lista de las tareas y los objetivos que hay que trabajar. Es posible que tengas más de una lista; por ejemplo, una lista de largo plazo para el mes y una lista de corta duración para cada día.
- El siguiente paso consiste en asignar un grado a cada tarea. Por grado se entiende romper la tarea en los pequeños pasos que están involucrados en la realización de la tarea misma. La regularidad se convierte en un problema cuando se subestiman o sobreestiman los tiempos necesarios para realizar un proceso. Se trata de adoptar un enfoque de partes y piezas y de dividir la tarea en segmentos, esto es, hacer que las tarea parezca pequeña e implementar acciones para cada una de las pequeñas partes cada vez.
- Debes desarrollar un sistema de organización que te funcione de manera personalísima, sabiendo que hay diferentes posibilidades para acercarse a cada paso de la tarea; no hay una sola manera correcta.
Posibilidades de enfoque

- Eliminar a la peor tarea en primer lugar.
- Iniciar con la tarea que más te guste para cargarte de energía. En este caso, la idea es utilizar la motivación y el impulso que obtienes de esa tarea.
- Utilizar sistemáticamente el plan de cinco minutos, que es una manera de romper la inercia generada por un hábito de postergar. Invierte sólo 5 minutos en la tarea para después recalcular y ver si puedes dedicar otros 5 minutos a la misma tarea, y así sucesivamente.
- Establecer una cantidad específica de tiempo para trabajar en una tarea, y no extender ese lapso, incluso si sientes que es posible.
- Elegir el momento adecuado del día para iniciar una tarea puede ser útil también; esto es, tomar conciencia de qué hora del día que funciona mejor para uno. Es necesario ser consciente de qué tipos de entornos es el más favorables.
- Utilizar recordatorios visuales.
- Encontrar el equilibrio entre placer y rendimiento. Ésa es la clave para ser un “hacedor” (to be a doer).
- Establecer un sistema de auto-control, para reconocer y registrar lo quehas logrado. En este seguimiento del progreso, mantén una política de mejora del diez por ciento de manera periódica. Compartir con alguien de confianza tu proyecto de completar ciertas tareas o metas, para así tener fuego amigo en tu proceso. Repetirte insistentemente los beneficios a largo plazo que estás obteniendo y los problemas que a corto y a largo plazo te estás evitando.
- Recordar la frase de José Caballero Bonald: Somos el tiempo que nos queda.
Precrastinación

La precrastinación es la necesidad de comenzar una tarea inmediatamente y terminarla tan pronto como sea posible.
Si eres un precrastinador de verdad, el progreso es como oxígeno y la postergación es una agonía
La buena precrastinación implica querer iniciar lo que tiene que hacerse cuanto antes, para concluirlo de la mejor manera también cuanto antes.
Si lo que debe hacerse no está en el radar de lo que te interesa, no lo harás. Me podrás decir que a veces posponemos también aquello que sin duda nos interesa. Por ejemplo, a veces posponemos algo del trabajo; ¿cómo no nos va a interesar conservar nuestro empleo? Sin embargo, es claro –por raro que suene– que algo nos está interesando más que conservar nuestro empleo. ¿Qué? Las esperanza de encontrar otro mejor (pero como no nos atrevemos a renunciar, nos hacemos correr; o el oscuro placer de ser maltratados; o malograr todo lo bueno que nos pasa, etc.).
Puedes pensar que esto es absurdo. ¿Cómo voy a querer lo que me perjudica? No olvides que para hacer ciertas cosas tenemos razones conscientes y razones inconscientes. Y muchas veces no coinciden ambos tipos de razón: podemos querer algo diferente de lo que deseamos.
De qué otra manera ¿podría explicarse que alguien beba sabiendo que el riesgo de una cirrosis o de una diabetes es latente, o que alguien fume sabiendo la posibilidad de desarrollar un enfisema, o que alguien permanezca al lado de una persona a la que ya no quiere, garantizándose la desdicha?
De acuerdo con todo esto, el objetivo sería tratar de acercar lo más posible lo que quieres a lo que deseamos. Siempre habrá una distancia entre lo consciente y lo inconsciente pero hay de distancias a distancias: una corta, significa desfase; una distancia larga, significa contradicción.
Recuerda que la congruencia consiste en decir lo que piensas y hacer lo que dices. Cuando entre lo que queremos y deseamos hay una distancia larga, ni decimos lo que pensamos, ni hacemos lo que decimos. Peor aún: hacemos lo contrario a lo que dijimos y pensamos lo contrario a lo que decimos.
Cuando entre lo que queremos y lo que deseamos hay una distancia corta, es más fácil decir lo que pensamos y hacer lo que decimos.
Si eres congruentes con el intruso que te habita, podemos tener una ética de la convicción inquebrantable.
La ética de la convicción es el conjunto de cosas que desde tu punto de vista no pueden estar sujetas a negociación (por ejemplo, tu libertad, tu seguridad, tu salud, tu integridad física y psíquica). Si esa convicción ética la tienes clara, no vas a negociar lo que para ti es inadmisible.
Recuerda que en la vida todo tiene un precio y una dignidad; y uno a veces es muy pobre como para darse el lujo de conservar la dignidad (por lo tanto, acaba uno por ponerse precio). Pero si uno puede hacer valer la dignidad, eso no tiene precio.
Resumiendo: si logras acercar lo más posible lo que quieres a lo que deseas, si alcanzas la congruencia necesaria para decir lo que piensas y haces, lo que decimos, si anteponemos la dignidad al precio, sabiéndolo o no, estarás siendo diestro en el arte de la congruencia y de la integridad. Este arte es complejo porque exige un conocimiento de sí muy amplio.
Para orientarte en esta posición subjetiva, puede servir la política militar de las 3 C:
- La primera C es la claridad: lo que piensas está claro. Sabes expresar eso que piensas también de forma clara. Y acabas haciendo lo que no puedes dejar de hacer porque la acción sólo traduce lo que está muy claro en tu cabeza y en tu discurso.
- La segunda C es capacidad: lo que piensas y dices puedes sostenerlo con hechos; es decir, tienes la capacidad de dar soporte real a lo que piensas y dices. No hablas en vano, cumples siempre lo que comprometes.
- La tercera C es credibilidad: como garantizas siempre con hechos lo que dices, nadie duda de tu palabra (en primer lugar, tú mismo).
Estas tres C definen una estrategia militar que está ligada a la disuasión. Te doy un ejemplo: ¿Por qué Corea del Norte no ataca a los Estados Unidos?
Para ser eficaz, el efecto disuasorio necesita tener las 3C: Claridad, Capacidad y Credibilidad.
En concreto, esto significa: claridad sobre la línea roja que no se puede cruzar, comunicada en un lenguaje comprensible para el adversario; la capacidad de imponer costos que superan con creces los beneficios; y la credibilidad de la voluntad de hacerlo.
Los fracasos se producen cuando el disuasor se queda corto en cualquiera de las tres Cs. Por lo tanto, si dibujo una línea roja, y la otra parte la cruza, a esto tiene que corresponder la pena decisiva anunciada. Cualquier excusa que hubiera para no ejecutar la amenaza, los adversarios pensarán que nuestras amenazas son menos creíbles en el futuro.
Leídas las 3 Cs desde un punto de vista personal, ¿a quién debes disuadir? A ese intruso que te habita y que regularmente quiere algo distinto a lo que deseas. Debes tener muy claras tus líneas rojas y cuidarte de no rebasarlas tú mismo (claridad). Si flaqueas y no respetas lo comprometido, debes también tener claras las consecuencias y asumir la contraofensiva que hayas decidido previamente (capacidad). De no hacerlo así, nunca considerarás que lo que dices es digno de crédito (credibilidad).
Desde el punto de vista virtuoso de la militarización, debes considerar el aplicarte consecuencias que sólo te beneficien (las planchas que ordena un superior militar, fastidia y cansa al afectado que al final no resulta tan afectado).
Por ejemplo: si me digo que necesito hacer ejercicio y, en efecto, lo hago (comienzo a correr dos millas diarias), puede suceder que al terminar me dé el permiso de un cigarrito (me lo merezco, puesto que ya hice ejercicio, ya cumplí). ¿Cómo ejercer las 3 C? Una opción es: si mientras corro, pienso“ahorita que acabe me echo mi cigarrito”, y eso contradice lo que había dicho y ya estaba haciendo (“debo hacer ejercicio”), puedo establecer una consecuencia inmediata que me beneficie: reafirmar lo que desactive ese dicho que a todas luces deshace lo que estoy haciendo (lo que es como borrar con el codo lo que escribí con la mano): que el costo de esta contradicción sea correr 200 metros más. Mejor no me fumo nada, pienso, y acabo en las dos millas. No. Ya lo dije en mi pensamiento; asumiré las consecuencia prevista en los hechos.
200 metros más no hacen daño alguno; fumar sí, pero contradecirse también. Porque si no respetamos nuestra propia palabra, ¿cómo exigiremos que alguien más lo haga? Ojo que no estamos hablando de castigo (que implica daño), sino de consecuencia (a la que tenemos que encontrarle un beneficio). Cada uno sabe lo mañoso que es. Hay que mantener a raya las propias inconsistencias. Se trata de poner la disciplina y el enfoque al servicio del orden que nos permitirá acceder a nuestro propio nivel de excelencia.
Lo que en realidad estás procrastinado al procrastinar es justamente esto: dejas para después la posibilidad de medir tus alcances en materia de excelencia; y, al mismo tiempo, procrastinar ya da una medida del daño que eres capaz de hacerte a ti mismo, de la infinita capacidad que tienes de interferir con lo que deseas. Todo el tiempo disparas fuego amigo en contra de ti mismo. Y si puedes ser esa clase de amigo para qué quieres enemigos. Se trata de una guerra intestina pero por no querer saber que la metralla viene de adentro crees que viene de afuera.
Necesitas estar alerta de ti mismo en 4 fases: defender, gestar, recuperar y definir.
- Defenderte de tus propios vicios.
- Gestar un nuevo sistema de decisiones.
- Recuperar el sentido de lo que deseas, evitando la queja estéril.
- Definir un camino que está por ser hecho.
Analicemos ahora las desventajas de la precrastinación:

Hay una máxima bastante común que “el que duda está perdido”. Es un proverbio curioso, porque podría ser muy mal consejo para la productividad. Las investigaciones recientes sugieren que las prisas para completar los proyectos en realidad podría perjudicar nuestra productividad, un fenómeno que se ha llamado precrastinación. A veces se elige completar una tarea sólo para erradicarla de nuestros pendientes, lo cual no garantiza que la tarea fue bien realizada.
Cuando se trata de estructurar nuestro trabajo, muchos de nosotros precrastinamos de muchas maneras.
¿Con qué frecuencia tienes prisa para completar una tarea antes de tiempo, sólo para encontrar que necesitas volver atrás y corregir los errores comunes que debiste haber evitado?
¿Alguna vez han pasado los primeros minutos de tu día de trabajo construyendo un plan rector de cómo utilizar mejor las siguientes ocho horas?
Cuando ves tu lista de cosas por hacer, ¿qué enfrentas primero: las cosas fáciles, o te concentras en las tareas más significativas de la lista para dedicar tus horas pico a resolver esa meta?
¿Alguna vez ha pasado un día entero respondiendo correos electrónicos y las tareas simples, sólo para que a las cinco no hayas hecho ningún progreso en el trabajo que realmente aporta valor a la organización?
En ese caso, estás procrastinando.
Pero si optas por las prisas con demasiada frecuencia estarás precrastinando de la peor manera porque tendrás que volver a revisar y perfeccionar el trabajo realizado.
En lugar de hacer las cosas rápido, quizá tendrías que centrarte en hacer las cosas más despacio pero con mejor calidad y menos modificaciones en el camino.
A veces un poco de tiempo “perdido” puede convertirse en “tiempo encontrado” si la productividad implica que los proyectos se completen rápido y bien.
La precrastinación, o la necesidad impulsiva por completar las tareas lo antes posible, podría ser contraproducente para la calidad de tu trabajo.
Los precrastinadores pueden ser propensos a hacer las tareas de forma incorrecta, tales como responder a un correo electrónico sin tener tiempo adicional para incluir la información correcta o detectar las palabras mal escritas. También pueden realizar funciones físicas peligrosas, como cargar todos los paquetes de una sola vez, en lugar de hacer varios viajes menos extenuantes.
A veces la dilación (que no debe ser confundida con la postergación) es una forma de promover la creatividad.
Tenemos que preocuparnos, por igual, de no hacer las cosas demasiado tarde ni demasiado pronto.
Así como sucede en los tipos de mantenimiento (¿preventivo o correctivo?), en los tipos de razonamiento (¿deductivo o inductivo?), en los modos de aproximación (¿teoría o práctica?), donde lo mejor lo encontramos en el punto de equilibrio (predictivo, abductivo y práctica-teórica).
Lo mismo sucede entre procrastinar y precrastinar: la dilación es creativa (pero es distinta a la procrastinación); la precrastinación, si es buena, se llama velocidad; si es mala, se llama rapidez.
Recuerda el doble sentido de la palabra Pharmakon: es por igual lo que puede curarte como lo que puede matarte.

Cinco estrategias para ayudar a acercarte a sus tareas, proyectos o lo que haya que hacer , sacarlos con velocidad (no con rapidez) de tu camino y concentrarte en cosas más importantes.
- Centrarse en la importancia y el valor de la tarea a completar. Lo fundamental es el impacto de lo que va a hacerse y no la cantidad de cosas que van a realizarse. (Recuerda la máxima: no importa cuánto vendas; importa cuánto ganes.). Esto debería ayudar a priorizar sus tareas.
- Enfocarse en la calidad de la tarea. ¿Es algo que ayudará a alcanzar los objetivos a largo plazo? Considera que las tareas más importantes tendrán que ser las que exijan mayor calidad en su desempeño.
- Date tiempo suficiente para considerar toda la información disponible que se relaciona con la tarea. Puede haber una gran cantidad de información a procesar para las tareas más importantes y valiosas. Si no estás seguro de lo importante o valioso de una tarea, revisa tus objetivos a largo plazo y ve cómo encajan en la tarea a realizar esos objetivos.
- Mantén contextualizadas tus tareas. Hacer pequeños ajustes en tus hábitos de trabajo, como dedicar una hora al día para tareas menores, puede hacer una gran diferencia. Clasifica por lotes esas tareas; es decir, categoriza tus tareas como “urgente e importante”, “importantes pero no urgentes”, “urgente pero no importante” o “ni importante ni urgente”. Eso ayudará a agregar las tareas a tu lista de tareas pendientes en orden de importancia, asegurando que se llega a lo que realmente hay que hacer.
- Cuando el tiempo no es factor, la precrastinación tiene un bajo costo. Es más grave tienes un número limitado de intentos -tal vez incluso sólo una oportunidad – y utilizas tu intento antes de estar listo; en ese caso te equivocas. Por lo tanto, no olvides que no es lo mismo estar preparado a estar listo.
